Tuesday, August 26, 2008

Cambio de ruta

"Change is the law of life and those who look only to the past or present are certain to miss the future"
John F. Kennedy


A muchos nos asustan los cambios.


Hay momentos que cambian la vida, encrucijadas en el camino e instantes en los que una situación perfectamente planeada cambia y con ello casi imperceptiblemente cambiamos nosotros.

Siempre podremos planear, suponer, idear y prever lo necesario para afrontar con calma alguna eventualidad en el perfectamente planeado camino; muchos de nosotros llevamos de antemano mapas para cada ocasión, planes "a", "b" y "c" para cada situación y con logramos cierta seguridad ante los posibles cambios. Esta autora aún no cree que "todo está escrito", por ende aún piensa en la posibilidad de que exista un cambio de plan tan drástico que ni todas las alternativas indiquen cómo proceder; siempre existirá la posibilidad de encontrarnos ante una encrucijada para la que ningún mapa nos sirva. Nosotros mismos ocasionamos muchos cambios, son nuestras decisiones las que afectan los caminos inicialmente planeados perfectamente.

Pocos son los afortunados que saben respirar profundamente y adaptarse a los cambios de estado, de situaciones, de sentimientos y de planes; pocos son los que saben adaptarse al nuevo camino, a la nueva situación y es que el miedo al cambio es uno de nuestros mayores obstáculos y resulta obstáculo precisamente porque tememos a NUESTRO cambio.

El giro que demos a nuestros planes dependerá de nosotros, en nosotros está el convertir un cambio drástico de plan en la excusa para lamentarnos por un pasado que no regresará, respirando entonces en un presente con sabor a nostalgia constante o aprovechar el giro y cambiar nosotros mismos, intentar algo totalmente distinto o intentarlo de nuevo siguiendo una nueva ruta. Puede resultar incluso sumamente emocionante encontrarnos ante una serie de planes aparentemente destruidos; la oportunidad de reconstruir, de reorganizar y replantearnos los caminos es invaluable! la emoción de enfrentarnos a algo nuevo, de probar nuestros límites, cambiar nuestros esquemas y reconocer nuestro carácter puede resultar infinitamente motivante.

Depende de nosotros convertir el cambio en un fracaso o en una oportunidad. Como siempre; al final TODO está en nosotros y es que no es el mundo el que cambia, somos nosotros quienes lo hacemos.


Wednesday, August 06, 2008

HOY

The pursuit of peace and progress cannot end in a few years in either victory or defeat. The pursuit of peace and progress, with its trials and its errors, its successes and its setbacks, can never be relaxed and never abandoned.
Dag Hammarskjold


Si yo cambiara... cambiaría el mundo.

La mayoría de los adultos llevamos con nosotros suficiente equipaje emocional como para sobrevivir sin sentimientos reales por años completos; podríamos quizás vivir sólo de recuerdos que cobran vida y vuelven a agitar el pecho para bien o para mal. Muchos llevamos maletas cargadas de recuerdos que ya no sirven, de cargas emocionales innecesarias, de culpas e impotencias, maletas en las que la palabra HUBIERA pesa tanto que nos ancla a un lugar, pesa tanto que nos hunden en un estanque de aguas turbias en el que difícilmente encontraremos paz; un estanque del que será imposible salir si no nos liberamos de esos rencores que con el tiempo lejos de desaparecer aumentan, de promesas rotas, de demonios y fantasmas, de culpas por errores de un pasado que existe como tal; PASADO. Es ese mismo equipaje el que nos hace encadenarnos a tiempos pasados; a un mundo en constante anacronía que dista mucho del HOY que cada uno de nosotros percibe.

Podemos negar a todos que tenemos dicho equipaje, podemos negar el ancla y podemos proclamarnos en "competencia constante"; sólo basta algo de astucia para lograr que el universo completo lo crea, para que todas las voces repitan lo bien que estamos... pero hay una voz que no se calla fácilmente, hay una voz que podemos silenciar a conveniencia pero que en algún momento se escuchará tan fuerte que dejaremos de escucharnos nosotros mismos; esa voz, ese espejo al que en algún momento tenemos que enfrentarnos es uno de los mayores temores de la mayoría de los adultos.

El mirarnos de frente y ver a quien realmente somos, más allá de lo que el mundo piense; escuchar esa voz interior que nos dice exactamente lo que falló, lo que falta, lo que es imperativo y lo que sobra es parte de uno de los más duros procesos a los que podamos enfrentarnos; el autoconocimiento.

Ese conocimiento que nos lleva a aceptar que a lo largo de nuestra vida encontraremos obstáculos y atajos, caminos en círculos y encrucijadas reales, enemigos elegidos por nosotros mismos y aliados que se unan sin invitación y ofrezcan su mano y apoyo. Habrá competencias constantes y rivales sumamente fuertes, rivales ágiles y rivales débiles de los que también tendremos oportunidad de aprender... pero como ya hemos escuchado; al final la competencia es con nosotros mismos.

¿Cómo ganar una competencia cargando el equipaje innecesario? ¿Cómo avanzar si nosotros mismos, en un aparente afán de autocastigo o miedo a nosotros mismos, nos encargamos de anclarnos a un punto del que difícilmente nos moveremos?

Para soltar las pesadas cadenas que nos amarran a un pasado, para soltar el equipaje, enfrentar a los demonios y desaparecer a los fantasmas necesitamos precisamente mirarnos de frente; mirar a los ojos a nuestro reflejo y reconocernos tras tantos escudos que nos creamos con el paso de los años y las experiencias vividas, necesitamos aceptar nuestra condición humana, nuestro derecho irrefutable a cometer errores y aprender de ellos... aceptar que en el camino siempre habrá personas a las que lastimemos aún sin intención de hacerlo, habrá a quienes decepcionemos, a quienes enorgullezcamos y a quienes salvemos, habrá a quienes ocasionaremos intenso dolor y a quienes ocasionaremos infinita felicidad y todo eso es parte del viaje.

He comprendido que el verdadero reto debe ser CONOCERNOS y aceptar el pasado como tal; dejarlo en el lugar en el que debe estar y dejar ir al fin esas cargas que tanto peso nos hacían arrastrar; la tranquilidad está en aceptar el presente, en abrir los ojos en el HOY, disfrutar los colores que vemos HOY, disfrutar el presente y vivirlo sin ataduras, sin demonios ni fantasmas del pasado. La paz necesaria se manifiesta al ir a la cama seguros de ser mejores indivíduos que el día anterior.

HOY la protagonista regresa dispuesta al fin a competir nuevamente con ella misma.